Torear.
- Antonio Miradas del Alma
- hace 4 días
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Los infantes y adolescentes de mi residencia vienen con construcciones identitarias, unos más que otros, consolidadas. Un ingreso plantea mucha incertidumbre, les convoca, según el caso, a otras identificaciones. La resistencia de muchos ingresos hace que surjan reclamos que ponen al límite cualquier trabajo educativo. Es necesario, como se dice en mi tierra, “torear” modelos pedagógicos androcentristas, para así poder dignificar sentimientos reprimidos como; la tristeza, el dolor y la compasión. Un equipo educativo no deja de ser un espejo donde uno puede verse, mostrarnos con coherencia es nuestra labor.
"Él solo me miró, fue suficiente, le di un tortazo. Acababa de recibir una reprimenda y ese desgraciado, con su mirada, me enfureció y mi mano hizo el resto.
Él educador vio lo sucedido, alzamos la voz, cuál más alta, en pocos minutos encaramos una reyerta, quien domina a quien. Yo tenía ganas de hacer daño, él intentaba tranquilizarme con sus ojos encolerizados.
Acontecido el incidente, me preguntaron porque tanta violencia gratuita, no quería ser un mierda como los demás, me han de tener miedo para ser respetado."
"Él solo me miró, fue suficiente para sentirme aliviado. Acababa de recibir una conversación de alguien con el que tengo aprecio, con su mirada, recuperé aquello perdido.
El educador en mi confesión me ofreció consuelo. Nadie ofrece consuelo después de una traición. Me aproveché de su confianza, le mentí, le falté al respeto, los demás me dieron la espalda y él seguía creyendo en mí.
Acontecido el incidente, me preguntaron porque quise reconocer mi culpa, yo quería recuperar mi lugar y él puede ofrecérmelo, sabe cómo yo, que deseo ser respetado."
Antonio Argüelles, Barcelona.

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