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Territorios.  

  • Foto del escritor: Antonio Miradas del Alma
    Antonio Miradas del Alma
  • 18 may 2025
  • 1 Min. de lectura

En mi residencia cuando trabajamos con infantes y adolescentes pecamos a veces de querer imponer nuestras subjetividades como algo definitivo, eterno y conclusivo. No es de extrañar que, con estos principios, los espacios que se ocupan estén envueltos de esa nebulosa de criterios que por el bien del conjunto han de ser regla común.  

El problema de actuar subjetivamente es que solo puedes ver aquello que deseas, lo que te muestran no es real, sino tu ilusión, la que has construido, un espejismo que crees que puede ser exportado a otros profesionales como si de una buena praxis se tratara.  

La experiencia es considerada como un enriquecimiento profesional, pero a veces esta experiencia viene enturbiada porque los buenos resultados son simplemente adaptaciones de los infantes y adolescentes para sobre llevar sus vidas en tu territorio. 


“Cuando me levanto de la cama, lo primero que quiero saber es quien vendrá hoy. Es importante para mí saber con quién he de tratar. A veces te encuentras con personajes que se creen que hacen un buen trabajo, pero ellos no saben que el trabajo es nuestro para que se lo crean.  


En corrillo hablamos de ellos y sus territorios, de cómo hacer y deshacer para ganarse su confianza. Una necesidad, la de marcar territorio que es mutua, pero cuando surge este deseo por parte nuestra, encendemos una llama de consecuencias desastrosas.  


Cuando me acuesto con un castigo, muchas veces es por no saber medir bien mi interpretación, cuando vas desorientado no sabes por donde cogerlos. Pero al final siempre acabas harto de ser un figurante y pasas a ser una realidad molesta, incluso susceptible de ser exiliada.” 


Antonio Argüelles, Barcelona.  


 
 
 

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