Destinos.
- Antonio Miradas del Alma

- 26 may 2025
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 12 oct 2025
La tragedia griega de Séneca nos muestra como Edipo se ciega al descubrir la verdad de su destino, no puede alcanzar a ver más allá de su amargura como acto expiatorio de su culpa. El sentir de un adolescente atormentado es una vivencia habitual en mi residencia, las ansias autodestructivas que muestran, sus pulsaciones más vitales, son también una defensa frente a la locura. Los márgenes de protección en adolescentes son explícitos y acotados. Cuando estos son violados, la desprotección abraza con fuerza titánica almas desoladas. Son almas expiatorias que se lanzan a un destino trágico conscientes de su desgracia.
“Ya hace un año que perdí la cuenta de mis referentes, son multitud de educadores que se presentan con un hola y al poco se despiden con un adiós. Tengo un padre, uf…, una madre, uf…, mejor no contar. Al final siempre estoy sola, muy sola.
Me siento culpable de mi destino, lo odio a muerte, no deseo cosas, eso lo deje atrás, ahora solo me dejo llevar. En la calle conocí a colegas como yo hartos de sus vidas y siempre hay un salvador, alguien que te da todo a cambió de nada.
Eso es mentira, nada es gratis, pero me da igual, mi vida perdió su sentido y cualquier cosa me vale, quiero seguir en mi nube, cada vez la necesito más. No es gratis, pero ya no la puedo dejar.
Una vez me cogieron, estaba fumada, muy fumada. Me devolvieron a la residencia, a los pocos días volví con mi salvador y mi nube de destrucción. No me preocupa mi vida, ahora solo vivo. “
Antonio Argüelles, Barcelona.





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