
Quererme
- Antonio Miradas del Alma

- 5 mar 2025
- 2 min de lectura
El desarrollo afectivo de los adolescentes está marcado por experiencias de amor y aflicción. El amor no va de apego sino de vínculos afectivos emocionales positivos. La aflicción va de luto que puede derivar en un vínculo afectivo destructivo. Los educadores y educadoras debemos trabajar a menudo con el duelo y en muchos de los casos es destructivo, conocer los contextos puede ayudarnos a fijar pautas educativas para trabajar la aflicción de muchos de nuestros adolescentes.
“Estoy muy malhumorada, no doy crédito del martirio que estoy viviendo, me angustia mi presencia, todo es una verdadera mierda. Hace pocos días me despedí de mi madre, se fue de mi lado fuera del país, no sé si es para siempre, todas sus promesas permanecen en el olvido.
Cuando me dijo que había conocido a un nuevo compañero y que lo amaba con toda su alma, pensé que era otro malparido que la llevaría en desgracia. Con la noticia yo me hundí del todo, donde permanecerá ese apoyo que me mantiene serena en un un mundo de locos.
Suerte tengo de los amigos, ellos son mi única familia, haría lo necesario para no quedarme aislada. Los educadores me dicen que no son buenos referentes, que con ellos no voy a poder ser yo misma. Que saben estos ingenuos de lo que soy yo y de las convenientes compañías que necesito.
Ferran, mi mejor amigo, ahora mi familia, hace unos días me pidió un favor. Luis, que está encarcelado, ha salido de permiso para ver a su familia, o sea nosotros, y quiere que pase la noche con él para animarle.
Le hago muchos favores a Ferran, él también me los hace a mí, así funciona nuestra familia. En la residencia están preocupados por mis fugas, han tomado medidas, tengo un gran desapego hacia ellos, he sufrido varias contenciones, empiezo a tener pensamientos oscuros.
Cuando entré en la residencia tenía ocho años, mi madre, siempre bebida, tenía hombres en casa y las autoridades me derivaron a esta residencia. Los primeros años era una niña ilusionada, pensaba que mi madre sin mí cambiaría, que se esforzaría por recuperarme, era pequeña, ahora tengo quince años, sabía poco de la vida.”
Antonio Argüelles, Barcelona.





Comentarios