Las cartas
- Antonio Miradas del Alma

- 9 mar 2025
- 2 min de lectura
Actualizado: 12 oct 2025
Algunas de las infancias y adolescencias que viven bajo la tutela de la administración se sienten incomprendidas, estigmatizadas e incluso abandonadas. A diferencia de las familias, las instituciones apenas personalizan el cuidado. Los protocolos y las normas están sobre estandarizadas, existe poco margen, incluso la cantidad de comida en un plato suele ignorar a quien va dirigido.
"Tengo trece años y los educadores sólo me prestan atención si es para mí autonomía, cómo hacer cosas solo, organizar mi futuro y tomar decisiones de vértigo. Odio estas conversaciones, siempre me hablan de futuro nunca de presente y no me gusta lo que escucho.
Veo a educadores que peinan, juegan, acuestan y acompañan a las escuelas a los más pequeños, ellos en atención siempre ganan. Cuando eres pequeño necesitas más de todo, ellos lo saben, tienen sus cartas, pero no será por siempre, lo sé por experiencia.
Mi tiempo aquí se acorta, cada día veo más cercana mi adultez. Echo de menos la ternura y el cariño de los primeros años, cada vez más escaso. Quiero tener a alguien conmigo, a mi lado, pero todo son: “ahora no, quizás más tarde, intenta quedar, búscate un plan”.
Siempre hay un límite; el portazo, la mesa caída, el cuerpo agitado y un corazón que va a mil, Me fastidia reclamar así mi atención, pero tengo que jugar bien mis cartas con estos chiquillos, quiero el educador para mí, nadie me lo robará.
Reconozco que actúo y hago lo mismo que cualquier pequeño, pero es desde esa posición, no la de adulto, como el educador se preocupará por mí, estará conmigo, me escuchará, me hablará, me consolará y entonces, me sentiré querido durante un tiempo."
Antonio Argüelles, Barcelona.





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