Roto.
- Antonio Miradas del Alma

- 5 may
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Las roturas se calibran según el estado en que se encuentran, unas tienen mejor disposición a ser resueltas que otras. Sus orígenes pueden darnos pistas de su estado, pero el riesgo de perder una pieza siempre está presente. Hay que ser afinado en los detalles para poder encajarlo todo con el resto.
La rotura de un infante a menudo no es visible, tienen un espectro que requiere de agudeza visual, elemento imprescindible para cualquier cuidador de infantes. Estos, en lugares de protección, ejecutan con mimo sus reparaciones, pero siempre surgen casos donde se hace difícil saber de qué rotura vienen dados.
Hablamos de lugares donde estos infantes rotos sostienen sus desafecciones impregnadas de una gran soledad, pese a las esperanzas utópicas ofrecidas por sus cuidadores. Un recordatorio permanente de sus pasados y una convergencia de caminos y destinos que carecen de certezas.
“En las tardes tediosas no hay mucho que hacer, pero siempre hay alguien con quien distraerse. Ante cualquier altercado, nuestros cuidadores acuden en urgencia, vienen con el cuerpo agitado, inquietos y alterados. No siempre sucede, pero cuando surge, es todo un espectáculo.
Nunca he estado bien, así me lo dicen todos, siempre me sulfuro y en tardes perezosas soy alguien a quien recurrir, lo llevo en la sangre. Antes de llegar aquí, ya era violento, mis compañeros lo saben, han vivido mis momentos. Ellos buscan tiempos muertos para que arda en llamas y la distracción está servida.
Acabo dando gritos, agitando palos, tirando mesas y rompiendo cristales. No, no quiero hacer daño, sé que antes apaleaba a mis víctimas con una mirada ofuscada hasta ver su sangre brotar, pero no quiero que regrese ese pasado. Aun así y a mi pesar, se resiste al olvido.
Un relato, el mío, que ha de enfrentarse a la evidencia, a una muestra más de que el bien no tiene concesiones al desquicio y al aturdimiento. Solo el castigo, el arrepentimiento y el reconocimiento es mi única opción posible a un retorno al raciocinio, lo otro, sería entrar en lugares inhóspitos donde la verdad más profunda va más allá de sus límites.
Odio los días tediosos, evito el contacto y busco la soledad, no soy un entretenimiento, quiero estar bien, quiero ser como ellos y poder mantener mi ira aplacada. No es una utopía, es mi realidad, soy vulnerable y necesito ser visto.”
Antonio Argüelles, Barcelona.





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