Se presenta una cena difícil de gestionar. Han traído pescado para cenar y no agrada mucho. El ambiente puede ser hostil.
Los pequeños no tienen muchas opciones, ellos lo saben. Los adolescentes son más resistentes, pueden llegar a situar al educador fuera de su confort.
“En la cena me ha estado buscando, y yo le he ignorado, como si fuera un extraño.
Él me tiro su pescado, mañana comerá lo mismo, lo deje apuntado.
Últimamente entro en conflicto con todos, no paro de poner consecuencias, me cuestionan lo que hago, lo que digo”.
Los educadores somos como espejos, depende de lo que proyectemos podrán ver si son aceptados o rechazados.
Antonio Argüelles. Barcelona
