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Hipocresía.

  • Foto del escritor: Antonio Miradas del Alma
    Antonio Miradas del Alma
  • hace 3 horas
  • 2 Min. de lectura

El cuidado se construye de significantes reconocidos, una labor colosal y a la vez compensatoria que tiene el poder de transformar sus reflejos en algo auténtico. Un trabajo de seducción que repudia el “tener" o el “deber" por su connotación invasora, alzando a la esencia del “ser" por encima de otras construcciones.


La institución con sus muros opacos e impermeables deja resguardado en su interior una realidad susceptible de ser riesgosa para el resto de la sociedad. Un desconocer intencionado de protección de lo que acontece dentro. El solo salir de esas paredes expone al infante a significaciones que lo dejan en un lugar estratosférico, necesita de armadura para sostenerse vivo.


La labor educativa en esas paredes está sujeta a carencias y lagunas. Cualquier escenario previo, estudiado o practicado, queda desmerecido o devaluado. Cualquier normativa aplicable está condenada a sufrir de absurdidad con el pasar del tiempo. Cualquier contexto vivido en esas paredes carece de notoriedad quedando tristemente relegado al olvido. Un crematorio de profesionales, un doble abandono de infantes.


Por fortuna la hipocresía es abrasiva, profundiza grietas en muros impermeables mostrando rayos de luz donde la opacidad hacía acto de presencia. Una luz bendita, palpable e intencionada, que va más allá de su linde. Dejar de ser ajeno a ese interior, es mostrar la esencia del “ser”. Cuando se logre liberar a los infantes de sus armaduras con las que sobreviven, entonces sus cuidadores dejarán de ser inflamables.


 

"Me siento un hombre atrapado en un cuerpecito de niño, odio mi pequeñez, mis puños todo y ser menudos tiene historias que contar. El enfado, la irritación, el griterío son parte de mi ser, en mi mirada muestro toda mi cólera sin contemplaciones, con ella he visto temores y reclamos de auxilio.


En la calle hay pocos lugares donde soy reconocido; los más lúgubres, violentos y apartados, son aquellos donde mi pesar se aligera. No es fácil deambular en una sociedad que te conduce a la mentira como refugio y a la negación como borrador de lo que eres. Una falsa ilusión que se derrumba al poco de ser construida.


Ser niño, fuera del cariño es irrespirable, necesitas crecer rápido para tomar aire. A pesar de eso no dejo de tantear a mis cuidadores de ese cariño tan codiciado, los pongo al límite, necesito saber su disposición, su compromiso y su aguante ante tal reclamo. Soy muy intenso, no claudicó hasta verlos angustiados y temblorosos, nadie sabe sostener mi alma como ellos.


Sin embargo, muchos claudican a tal sufrimiento, ellos saben que hay más buscando lo mismo, son recordatorios intensos de algo perdido. Un transitar continuo de bienvenidas y despedidas. Es difícil aceptar el relato de la mentira cuando se vive un calvario, donde restan las súplicas, donde posa su realidad, en que lugar de esos muros se sitúa la protección."


Antonio Argüelles, Barcelona.


 
 
 

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